No nos damos cuenta de lo crueles que podemos ser de niños, hasta que de mayores vemos a otros hacerlo.
A los 6 años, en una revisión escolar, se dieron cuenta de que mi visión no era correcta, y decidieron ponerme gafas. Tengo que dar gracias a que nunca tuve que soportar las mofas de mis compañeros por ello, quizá porque eran buenos compañeros, quizá porque la educación que recibíamos entonces era diferente.
Mi niña empezó a necesitar gafas al año y medio de vida, gafas y parches...El miedo me invadió desde el primer momento, porque era consciente de lo que se podía acontecer. Pero era tan pequeña, se la veía tan indefensa, que era el juguetito de todos, la pequeña Miriam, había que protegerla a toda costa, y todos los niños la sobreprotegían encantados. Pero los niños crecen y aprenden deprisa la crueldad de las palabras. Fue entonces cuando pasó de ser la muñequita a ser la "enana gafotas"...creo que sobran las palabras.
Hoy, Álvaro inicia el camino a lo desconocido con su nueva situación. En pocos días, tendrá que pasar por lo que su hermana pasó. Me abruma pensar en el hecho de que necesite gafas de por vida, me aterroriza la operación...pero si hay algo que me asusta de verdad es que se convierta en el "enano gafotas" como le pasó a su hermana...NO QUIERO!!!
Siento la herencia que les he dejado.
Los quiero con toda mi alma
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