Para una anciana llena de vida
29/09/2005 20:53:04
Envejecer
Qué bonito es crecer, madurar y vivir la vida aprovechando cada momento para aprender...
Qué difícil es asimilar el envejecimiento cuando sientes joven el corazón lleno de experiencias que compartir...
Ya no recuerdo cuánto hace, pero sí recuerdo el día, cuando mi mejor amiga me acompañó a lo que podía ser una oportunidad para mí...
¿Quién me lo iba a mí a decir, cuando estaba en la facultad y soñaba ser enfermera en una unidad pediátrica, que la geriatría lo sería todo para mí?
A veces, es difícil tratar a las personas mayores, porque se van curtiendo tanto en su vida pasada que cuesta poder adaptarse a sus costumbres... pero puedes aprender tanto de ellos...
Uno de mis mejores trabajos fue cuidar de ella, económica y emocionalmente, fue el mejor con diferencia... era gratificante llegar cada mañana y escucharla como me contaba experiencias...¡Cuántas experiencias!!
Cuando hacía buen tiempo salíamos a pasear, y pese a la diferencia de edad teníamos tanta confianza como unas colegialas, ella disfrutaba con lo que yo le contaba y yo...alucinaba con lo que me explicaba ella...
Culta, entusiasta, amable, cariñosa, generosa, comprensiva...es que lo tenía todo.
Cuando llovía, o hacía frío nos quedábamos en casa, y me explicaba historias de su pasado, de su adorada casa Omedagaiz en Menorca, contemplábamos infinidad de fotos colgadas por todas las paredes de su casa, ordenábamos sus innumerables libretas en las que explicaba todos los más pequeños detalles de un viaje o de cualquier acontecimiento especial para ella...todo era un continuo aprender con ella...¡Cómo he llegado a admirar y querer a esa mujer!
Cuando dejé de ir por cuestiones de trabajo me apenó muchísimo porque hasta ella decía que me echaría de menos...y yo también...
¡Cuántas veces quise llamarla pero no me atreví por miedo a oir lo que no quería!...
Una vez le eché valor y llamé, me dijeron que había estado muy malita, y no se acordaba de mí...
Hoy, después de mucho tiempo he vuelto a reunir el valor suficiente para llamarla, y cual no ha sido mi sorpresa cuando me he visto llorando al teléfono al oir que estaba mejor, y al oirla a ella decirme que se acordaba de mí y que fuera a verla... ¡qué satisfacción!
Sra. Teresa, cada día me da una nueva lección, con esa bondad, y esa fuerza de voluntad que la mantiene todavía con un ápice de fuerza para llenar de felicidad con su compañía a quien la quiere...y puedo asegurar que es muy querida...
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