El frío empieza a notarse en la estancia. Miro a mi izquierda y ahí están, mis dos preciados tesoros. Ellos que le dan sentido a mi vida. Ellos que me demuestran día a día que cualquier pequeño detalle es importante.
Los contemplo mientras duermen, en la penumbra de mi habitación...hoy se han venido a dormir un rato conmigo.
Ahí está Miriam, toda una mujercita. Desde que nació, tan sensible, y tan fuerte a la vez. Las adversidades no pudieron con ella, y su afán de supervivencia la dejó llegar donde está ahora. Cuántas cosas ha vivido, buenas y malas, acontecimientos que la han hecho madurar como persona. Y, a pesar de que para mí sigue siendo mi niña...ahí está, tan mayor, tan esbelta... Su mayor deseo, tener un hermanito al que cuidar. Y qué bien lo cuida, cuánto lo quiere...
Álvaro, sonrie mientras duerme, me gustaría saber que debe estar pasando por su cabecita, qué sueños tan hermosos debe tener para tener esa hermosa sonrisa dibujada en su carita. Crece deprisa, aprende rápido, es como una esponja que todo lo absorbe.
Qué feliz soy de tenerlos a mi lado. Hace frío, y el calorcito de mi edredón es gratificante, y más junto a ellos, que duermen plácidamente.
Son felices, lo sé, porque sus rostros siempre están iluminados, sus ojos brillan, y sus sonrisas siempre están presentes.
Gracias por hacerme sentir tan bien, por llenar mi vida de alegría, por quererme y por dejarme que os quiera. Gracias por haber venido a este mundo, a esta familia.
Dulces sueños mis niños...os quiero
Mami

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